Autora: Carmen Gallego López
La Edad Media es un periodo histórico que abarca desde el siglo V, con la caída del Imperio Romano, hasta el siglo XV. En esta época tuvo lugar la mayor epidemia de peste de Europa, que estalló concretamente entre 1346 y 1347, llevándose consigo a cerca de la mitad de la población total de Europa. Esta enfermedad, conocida como “La Peste Negra”.
La peste negra es producida por el Yersina Pestis, un bacilo que se encuentra en las pulgas de las ratas, cuando dicha pulga picaba a una persona, o esta sufría algún corte en la piel de materiales contaminados, el bacilo se transmitía y se padecía dicha enfermedad. Una vez infectada la persona, empezaba a tener fiebre, dolores de cabeza, náuseas, escalofríos, a tener debilidad y se les hinchaban y dolían los ganglios debido a que las bacterias se trasladaban hasta un nódulo linfático. A esta peste bubónica se le denominó con el nombre de peste negra debido a que a los infectados presentaban marcas oscuras en la piel.
El origen de esta enfermedad se conoció en 1894, por Alexandre Yersin pero
en aquella época, ante lo desconocido y la necesidad de buscar un culpable, se
le atribuyó diversos orígenes como era por razones geológicas o astrales (todas
ellas causadas por una castigo divino), o incluso pensaron que era por
envenenamiento por parte de los judíos, ya que el número de judíos infectados
fue inferior que el de cristianos, pero esto era debido a sus mejores
condiciones higiénicas. También se le echó la culpa a los extranjeros y
peregrinos.
Todo se debió a las relaciones comerciales internacionales,
las ratas afectadas viajaban en los barcos y se extendían así por diferentes
países, provocando a veces la muerte de todos los tripulantes antes de llegar a
tierra. La peste negra provocó un gran caos en la población, afectando a todas
las personas independientemente de su edad o rango social, esto provocó
diferentes reacciones en la población: Unos se entregaron más a Dios al pensar
que este les castigaba por un mal comportamiento de la humanidad y muchos otros
huían, sin embargo solían llevar consigo en sus ropas o equipaje la pulga
portadora de la enfermedad, por lo que contribuían a su propagación.
La medicina no consiguió hacer nada y no encontraba una
explicación a este hecho, y muchos médicos fueron infectados al atender a sus
pacientes. Se tomó como una medida aislar a los pacientes infectados durante un
periodo de cuarenta días (de donde proviene el término de cuarentena) y hasta
entonces, cuando consideraban que ya no era peligroso, no entraban en contacto
con él. Lo mismo hicieron con aquellos barcos donde había algún tripulante
enfermo, les dejaban cuarenta días en alta mar y si había algún superviviente
le dejaban volver.
Esta enfermedad tuvo rebrotes ocasionales de no más de dos años y locales y reaparecía cada pocos años, extendiéndose hasta el siglo XVIII y existiendo hoy en día algunos casos controlados, la mayor parte de ellos en Estados Unidos, Madagascar, China, India y América del Sur.

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